PEDAGOGIAS LIBRES
A partir de la Marcha por la Libertad Curricular, que organizamos en agosto pasado, un grupo de padres y profesores nos hemos estado reuniendo todos los miércoles para trabajar en torno a la necesidad de crear espacio legal para que puedan existir diversas pedagogías (waldorf y otras) que trabajen sus currículums y/o metodologías, con la libertad que esto requiere. Por supuesto, todavía es un anhelo que proyectamos a largo plazo, pero para ir avanzando en ello nos parece importante instalar en la sociedad la reflexión sobre la necesidad de una diversidad educacional.

En este momento de discusión pedagógica, resulta necesario poder abrir el debate hacia una pedagogía más humana, que mire a sus alumnos y escuché lo que necesitan en sus distintas etapas. Entre nuestros objetivos está vincularnos con otras iniciativas que hagan el esfuerzo de trabajar de un modo transparente sus enfoques pedagógicos. Creemos que la diversidad es un valor que bien vale la pena instalar en nuestra sociedad.

Hemos participado en charlas y en encuentros universitarios. Pensamos organizar un simposio sobre la libertad de enseñanza y, en el corto plazo, estamos convocando a una feria de pedagogías libres, en el Parque Forestal, el domingo 4 de diciembre, de 2011.

Nos gustaría invitarlos a participar en esta iniciativa, ya sea incorporándose a las reuniones de los miércoles o acompañando los eventos y/o encuentros que organicemos.

En el importante momento de reflexión educacional que vive nuestro país, nos parece imprescindible aportar con nuestra mirada sobre el tema.
Algunas reflexiones:
Las leyes educacionales y los profesores
Hasta ahora, ha sido costumbre que cuando se trate de reformas educacionales, estas sean diseñadas y definidas por políticos y académicos, en el mejor de los casos especialistas en educación, es decir, por las jerarquías administrativas. Al “pueblo” educador, a los profesores, solo les cabe acatar las decisiones que ellos tomen. Para la implementación de la última reforma, suscitada por el movimiento de los “pingüinos”, actual LGE, se llamó a consulta pública (no a los profesores en particular) entre los días 15 de Abril y 23 de Mayo del 2011 (48 días). En Nueva Zelandia, por citar un ejemplo, la consulta pública duró tres años (1.095 días), sobran los comentarios.

Y sin embargo, los que llevan a cabo el proceso educacional no son otros que los profesores… son los que cada día y todos los días, se enfrentan con la concreta realidad, con 20, 30, 40 o 50 niñas y niños.

¿Por qué no es obvio pensar que los profesores deben hacer parte importantísima, vital, decisiva, de los lineamientos educativos? ¿Por qué resulta obvio lo contrario? Se puede agregar que aquella “autoridad” que diseñó y definió la reforma, y todas las anteriores, está generalmente conformada por supuestos sabios, conocedores, doctores, en fin, los que saben, pero que carecen total o casi totalmente de experiencia en salas de clases con niños.
Colegios alternativos
A lo largo del siglo XX fueron apareciendo, creándose y poniéndose en práctica, caminos pedagógicos nuevos y distintos (Montessori, Waldorf, Frenet, etc) a los oficiales y acostumbrados, y que han mostrado ser beneficiosos para miles de niños en el mundo. En nuestro país, el valor y legitimidad de ellos no les fue otorgado por el Estado; fueron padres y madres que buscaban para sus hijos experiencias pedagógicas diferentes a las que ellos y ellas habían tenido en su niñez, y con las cuales se sentían profundamente insatisfechos. Dada la realidad imperante hoy en nuestro país, estos nuevos caminos son asequibles exclusivamente a familias con medios, que pueden pagarlo. Hoy no es posible que este tipo de Colegios puedan ser públicos y gratuitos; el Estado solo está dispuesto a financiar el tipo de educación que él determina. ¿Por qué no podría ser posible que padres y madres sin medios puedan acceder a los beneficios de estos nuevos caminos para sus hijos? ¿Por qué no podría ser posible que un grupo de profesores quisiera organizar un Colegio con una pedagogía diferente, y que este Colegio fuese público y gratuito? Todo el sistema que nos rige es definitivamente clasista, incluso en esto.
Libertad de Educación
Para quienes, como nosotros los profesores, todos los días trabajamos dentro de una sala de clases, sea en el Jardín Infantil, en la Básica o en la Media, nos toca relacionarnos con seres vivos, que además sienten, piensan y quieren, diferentes, en constante cambio, sujetos a las alegrías y tristezas de sus familias, a los éxitos y fracasos de sus padres, en fin. Para estos seres, hay quienes pretenden saber, “desde las alturas jerárquicas” de nuestra sociedad, lo que ellos necesitan aprender, y cómo debemos hacerlo. Pero estos seres que para esas “alturas” son una abstracción sin rostro, para nosotros son rostros concretos y perceptibles.

Para llegar a ellos, no solo necesitamos saber lo que enseñamos, necesitamos también aprender a comprenderlos, a descubrir qué están necesitando, a desentrañar sus intereses latentes, esos intereses que hacen posible que aprendan, que quieran aprender. Y cuando todo esto se pone en juego, cuando poco a poco nos vamos haciendo más capaces para todo ello, en esos momentos, en esos precisos momentos, necesitamos el espacio que nos permita crear, inventar, imaginar, necesitamos la libertad.

A esto, solo a esto, pero a nada menos, llamamos LIBERTAD DE EDUCACIÓN.
El Estado y la Educación
¿Quién puede poner en duda hoy que el Estado debe financiar la educación escolar, por lo menos a aquellos que no pueden financiarlo personalmente? Probablemente muy pocos, al menos abiertamente. Por otro lado, este deber del Estado, que responde a un derecho ciudadano, ¿implica necesariamente que el Estado determine qué y cómo deben llevarse a cabo las metas educacionales? Nosotros pensamos que no, que en el qué y el cómo, incluidos los colegios públicos, debe imperar la mayor libertad posible; libertad para madres y padres a buscar la alternativa pedagógica que consideren la mejor para sus hijos (y no solo para quienes tienen los medios para pagar una alternativa diferente, también para quienes no los tienen), y libertad para que los profesores, organizados en comunidades escolares autónomas, reunidos en torno a intereses y metas comunes, puedan ofrecer las alternativas que consideren las mejores (y no solo para quienes tienen el dinero para construir una alternativa diferente, sino también para quienes no lo tienen). Es necesario comprender con la mayor claridad posible, que por un lado existe el deber del Estado de proveer escolaridad gratuita a quienes carecen de los medios para proveérsela a sus hijos, pero que, por el otro lado, este deber no le otorga al Estado el derecho a determinar qué y cómo debemos ser educados. Este derecho pertenece a los ciudadanos. En esta era de la ciudadanía en la que estamos poco a poco entrando, ¿es esto tan difícil de comprender y realizar?